La Resurrección de la Carne

En tiempos de  Jesús la fe en la resurrección de la carne era aceptada entre los judíos. Los más notables oponentes eran los saduceos, que rechazaban esa doctrina, al parecer, porque no se menciona en el Pentateuco.
La doctrina de la resurrección comprende la creencia de que la verdadera vida requiere la unión de cuerpo y espíritu o alma. Sin el cuerpo, el alma existiría, pero no se diría que en verdad estuviera viva, puesto que ni el cuerpo ni el alma pueden funcionar el uno sin el otro.
El apóstol Pablo se refirió a ello cuando habló de la existencia entre la muerte y la resurrección como granos desnudos que necesitan ser vestidos. 1ªCor.15:35-38.

35 Alguien preguntará: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida?

36 ¡Necio! lo que tú siembras no revive si no muere.

37 Y lo que siembras, no el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano, de trigo por ejemplo, o de cualquier otra planta.

38 Y Dios le da un cuerpo a su voluntad: a cada semilla un cuerpo peculiar.

La Verdadera Historia de la Humanidad

En la historia sagrada encontramos unos relatos que nos ayudan a entender, de donde venimos, pero quizás podamos saber también a donde vamos. Lo digo porque buscando, buscando, a veces encontramos lo que no deberíamos saber.

Si recordamos algunos detalles de la creación, vemos que Dios hace todas las cosas y coloca al hombre en el jardín de Edén para que se cuide de las cosas creadas.

Pero…

“Después dijo el Señor Dios: «No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada».”

Así empezó todo, solo que nadie imaginaba como sucederían los acontecimientos. Una vez concluida la operación Adán dijo…

«¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Se llamará Mujer, porque ha sido sacada del hombre».

Todos contentos, Dios contento, el hombre contento pero, ¿cómo se encontraba la nueva creación?

“Los dos, el hombre y la mujer, estaban desnudos, pero no sentían vergüenza.”

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