La persecución a los cristianos del primer siglo

Cuando apareció el cristianismo en el primer siglo, tuvo que compartir sus creencias con diferentes grupos religiosos ya establecidos en Palestina.Los saduceos eran los representantes de la clase sacerdotal. Solo admitían la Ley escrita y no reconocían como válida las ampliaciones orales que los escribas o maestros de la Ley hacían para acomodarla a las circunstancias cambiantes de la vida. Tampoco creían en la resurrección de los muertos, como nos muestra Hech. 23:6-8. Gozaban de una buena situación social y económica, por lo que se encontraban a gusto con el dominio romano, pues les garantizaba sus privilegios.

 También estaban los fariseos que se inclinaban a mantener como ideal de vida religiosa el estricto cumplimiento de la letra de la Ley, ya que estaban convencidos de que la Ley de Moisés era la Ley de Dios. Los fariseos, al contrario de los saduceos, defendían la resurrección de los muertos y mostraban un celo religioso extraordinario por la Ley. En los evangelios los encontramos con frecuencia, asociados a los escribas o maestros de la Ley, muchos de los cuales pertenecían al partido fariseo. Contaban con la simpatía de la gente.

También habían otros grupos como los esenios que se dedicaban al estudio de las Sagradas escrituras y a la oración en común, sustituyendo así el culto que los demás judíos daban a Dios en el Templo de Jerusalén, y llevaban una vida muy austera. Los estudiosos relacionan hoy a San Juan Bautista con los grupos esenios.

Otro movimiento nacionalista que se proponía instaurar el Reino de Dios y abatir el poder romano por medios violentos, eran los zelotes. Los miembros armados de este grupo se llamaban sicarios, porque llevaban consigo un puñal (sica). Parece ser que uno de los Doce pertenecía al partido zelote (Lucas 6:15).

¿Cuales fueron las circunstancias que hicieron impopular a los primeros cristianos? En los Evangelios se puede reconocer qué fue lo que causó la impopularidad de Jesús, entre los mismos judíos. Citaré algunos pasajes que nos mostrará, cual fue el detonante que causó el odio de los judíos a la persona de Jesús.

Jesús enseñaba todos los días en el Templo:

“Y diariamente enseñaba en el Templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los más importantes del pueblo, buscaban la forma de matarlo.” Luc.19:47.

Los motivos por los que querían matar a Jesús, los podemos ver a continuación.

10 Un sábado, Jesús enseñaba en una sinagoga.

11 Había allí una mujer poseída de un espíritu, que la tenía enferma desde hacía dieciocho años. Estaba completamente encorvada y no podía enderezarse de ninguna manera.
12 Jesús, al verla, la llamó y le dijo: «Mujer, estás curada de tu enfermedad»,
13 y le impuso las manos. Ella se enderezó en seguida y glorificaba a Dios.
14 Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la multitud: «Los días de trabajo son seis; vengan durante esos días para hacerse curar, y no el sábado». Luc. 13:10-14.
En una primera cita se aprecia, lo arraigados que estaban los judíos, al cumplimiento de la Ley del sábado.
Estar en posesión demoníaca fue también una de las acusaciones.
19 ¿Acaso Moisés no les dio la Ley? Pero ninguno de ustedes la cumple. ¿Por qué quieren matarme?».
20 La multitud respondió: «Estás poseído por el demonio: ¿quién quiere matarte?».
23 Si se circuncida a un hombre en sábado para no quebrantar la Ley de Moisés, ¿cómo ustedes se enojan conmigo porque he curado completamente a un hombre en sábado?
32 Llegó a oídos de los fariseos lo que la gente comentaba de él, y enviaron guardias para detenerlo. Jn. 7:19,20,23,32.
La blasfemia fue otra de las causas de su persecución.
18 Pero para los judíos esta era una razón más para matarlo, porque no sólo violaba el sábado, sino que se hacía igual a Dios, llamándolo su propio Padre. Jn. 5:18.
Vigilan todos sus actos.

1 En aquel tiempo, Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.

2 Al ver esto, los fariseos le dijeron: «Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado». Mt. 12: 1,2.
 También lo ponen a prueba para detenerlo.

1 Jesús entró nuevamente en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada.

2 Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo curaba en sábado, con el fin de acusarlo.
3 Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: «Ven y colócate aquí delante».
4 Y les dijo: «¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?». Pero ellos callaron.
5 Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: «Extiende tu mano». El la extendió y su mano quedó curada.
6 Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con él. Mc. 3:1-6
Se juntan los distintos grupos religiosos para acabar con Jesús y el hostigamiento de todos se hizo algo común, y cuando por fin lo detienen para matarlo, lo hacen bajo la acusación de proclamarse Rey de los judíos, algo que estaba totalmente prohibido por los romanos, bajo pena de muerte.
11 Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó: «¿Tú eres el rey de los judíos?». El respondió: «Tú lo dices».
12 Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada.
13 Pilato le dijo: «¿No oyes todo lo que declaran contra ti?». Mt. 27: 11-13.
12 Desde ese momento, Pilato trataba de ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaban: «Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que se hace rey se opone al César».
13 Al oír esto, Pilato sacó afuera a Jesús y lo hizo sentar sobre un estrado, en el lugar llamado «el Empedrado», en hebreo, «Gábata».
14 Era el día de la Preparación de la Pascua, alrededor del mediodía. Pilato dijo a los judíos: «Aquí tienen a su rey».
15 Ellos vociferaban: «¡Que muera! ¡Que muera! ¡Crucifícalo!». Pilato les dijo: «¿Voy a crucificar a su rey?». Los sumos sacerdotes respondieron: «No tenemos otro rey que el César» Jn. 19:12-15. Mc. 15:12,13.
Pero, aunque la acusación con la que prendieron a Jesús fue por proclamarse Rey de los judíos, la verdadera razón por la que fue detenido fue por la diferencia que había a la hora de aplicar la Ley, por lo que los sumos sacerdotes se veían siempre en evidencia delante del pueblo, además de no reconocer a Jesús como el Mesías; una prueba de ello lo tenemos en el siguiente pasaje:

1 Un día en que Jesús enseñaba al pueblo en el Templo y anunciaba la Buena Noticia, se le acercaron los sumos sacerdotes y los escribas con los ancianos,

2 y le dijeron: «Dinos con qué autoridad haces estas cosas o quién te ha dado esa autoridad».
3 Jesús les respondió: «Yo también quiero preguntarles algo. Díganme:
4 El bautismo de Juan, ¿venía del cielo o de los hombres?».
5 Ellos se hacían este razonamiento: «Si respondemos: “Del cielo”, él nos dirá: “¿Por qué no creyeron en él?”.
6 Y si respondemos: “De los hombres”, todo el pueblo nos apedreará, porque está convencido de que Juan es un profeta».
7 Y le dijeron que no sabían de dónde venía.
8 Jesús les respondió: «Yo tampoco les diré con qué autoridad hago esto».
9 Y luego dijo al pueblo esta parábola: «Un hombre plantó una viña, la arrendó a unos viñadores y se fue por largo tiempo al extranjero.
10 Llegado el momento, les envió a un servidor para que le entregaran la parte de los frutos que le correspondía. Pero los viñadores lo golpearon y lo echaron con las manos vacías.
11 Envió a otro servidor, y también a este lo golpearon, lo ultrajaron y lo echaron con las manos vacías.
12 Mandó después a un tercero, y a él también lo hirieron y lo arrojaron afuera.
13 El dueño de la viña pensó entonces: “¿Qué haré? Voy a enviar a mi hijo muy querido: quizá tengan consideración con él”.
14 Pero los viñadores, al verlo, se dijeron: “Este es el heredero, vamos a matarlo, y la herencia será nuestra”.
15 Y arrojándolo fuera de la viña, lo mataron. ¿Qué hará con ellos el dueño de la viña?
16 Vendrá, acabará con esos viñadores y entregará la viña a otros». Al oír estas palabras, dijeron: «¡Dios no lo permita!».
17 Pero fijando en ellos su mirada, Jesús les dijo: «¿Qué significa entonces lo que está escrito: “La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular”?
18 El que caiga sobre esta piedra quedará destrozado, y aquel sobre quien ella caiga, será aplastado».
19 Los escribas y los sumos sacerdotes querían detenerlo en ese mismo momento, porque comprendían que esta parábola la había dicho por ellos, pero temieron al pueblo.
20 Ellos comenzaron a acecharlo y le enviaron espías, que fingían ser hombres de bien, para lograr sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones, y entregarlo al poder y a la autoridad del gobernador. Lc. 20:1-20.
En este otro pasaje se aprecia lo dedicados que estaban en prender a Jesús.
13 Le enviaron después a unos fariseos y herodianos para sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones.
18 Se le acercaron unos saduceos, que son los que niegan la resurrección, y le propusieron este caos:
28 Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: «¿Cuál es el primero de los mandamientos?». Mc. 12:13,18,28.
Así que, posiblemente fue el entendimiento de la Ley lo que hizo que la diferencia acabara de forma trágica. La persecución de los cristianos, tras la muerte de Jesús, fue igualmente trágica. Pedro y Juan fueron encarcelados por los jefes judíos, incluido el sumo sacerdote Ananías, aunque luego los liberó. Hech. 4: 1-21.
También fueron encarcelados los apóstoles por el sumo sacerdote y otros saduceos, para luego ser liberados por un ángel. Hech. 5:17,18.
Tras haber escapado, fueron llevados nuevamente ante el sanedrín, pero esta vez Gamaliel (rabino fariseo bien conocido de la literatura rabínica) convenció al sanedrín para que fueran liberados. Hech. 5:27-40.
Esteban fue lapidado por los miembros del Sanedrín, siendo recordado como el primer mártir (derivado de la palabra griega mártÿros que significa “testigo”) La persecución se hizo cada vez más intensa. Según Fredrickson en From Jesus to Christ, la razón más probable fue que los judeo-cristianos estaban predicando el inminente regreso del Rey de los judíos y el establecimiento de su reino. A oídos romanos, tal conversación era sediciosa. Los romanos dieron a los judíos en ese tiempo un auto-gobierno limitado, las principales obligaciones de los líderes judíos eran recolectar impuestos para Roma y mantener el orden civil. Así, los líderes judíos tendrían que suprimir cualquier conversación sediciosa. A menudo cuando los líderes judíos no suprimían los conatos sediciosos, eran enviados a Roma para ser juzgados.
 Con base en diversos testimonios se afirma que durante la segunda mitad del siglo I y todo el siglo II, los cristianos fueron también perseguidos por autoridades del Imperio Romano, que consideraba a los cristianos, ya sea como judíos sediciosos (recordando que en el año 70 los judíos armaron una revuelta en Palestina que originó la destrucción de Jerusalén y la deportación de los judíos de su territorio a manos romanas), o como rebeldes políticos.
Otras causas que originaron la persecución de los cristianos fueron las siguientes:
La primera toma de posición del Estado romano contra los cristianos se remonta al emperador Claudio (41-54 d. de J. C.). Los historiadores Suetonio y Dión Casio refieren que Claudio hizo expulsar a los judíos porque estaban continuamente en litigio entre sí por causa de cierto Chrestos. «Estaríamos ante las primeras reacciones provocadas por el mensaje cristiano en la comunidad de Roma», comenta Karl Baus.
Emperador Claudio

Emperador Claudio

El historiador Cayo Suetonio Tranquilo (70-140 aproximadamente), funcionario imperial de alto rango bajo Trajano y Adriano, intelectual y consejero del emperador, justificará esta y las sucesivas intervenciones del Estado contra los cristianos definiéndolos como «superstición nueva y maléfica»: palabras muy fuertes. Como superstición el cristianismo es puesto en conexión con la magia. Para los romanos es ese conjunto de prácticas irracionales que magos y hechiceros de personalidad siniestra usan para estafar a la gente ignorante, sin educación filosófica. Magia es lo irracional contra lo racional, el conocimiento vulgar contra el conocimiento filosófico. La acusación de magia (como la de locura) es un arma con la cual el Estado romano tacha y somete a control nuevos y dudosos componentes de la sociedad como el cristianismo. Con la palabra maléfica (portadora de males) se alienta la sospecha obtusa del vulgo que imagina esta novedad (como toda novedad) empapada de los delitos más deplorables, y por consiguiente causa de los males que cada tanto se desencadenan inexplicablemente, desde la peste al aluvión, desde la carestía a la invasión de los bárbaros.

En el año 64 un incendio devastó 10 de los 14 barrios de Roma. El emperador Nerón, acusado por el pueblo de ser el autor del mismo, echó la culpa a los cristianos. Empieza la primera gran persecución que durará hasta el 68 y verá perecer entre otros a los apóstoles Pedro y Pablo.
El gran historiador Tácito Cornelio (54-120), senador y cónsul, describirá este acontecimiento escribiendo en tiempo de Trajano sus Annales. Él acusa a Nerón de haber culpado injustamente a los cristianos, pero se declara convencido de que estos merecen las penas más severas, porque su superstición los impulsa a cometer acciones nefandas. No comparte, pues, ni siquiera la compasión que muchos experimentaron al verlos torturados. He aquí la célebre página deTácito.
Emperador Neron

Emperador Neron

«Para cortar por lo sano los rumores públicos, Nerón inventó los culpables, y sometió a refinadísimas penas a los que el pueblo llamaba cristianos y que eran mal vistos por sus infamias. Su nombre venía de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio había sido condenado al suplicio por orden del procurador Poncio Pilato. Momentáneamente adormecida, esta maléfica superstición irrumpió de nuevo no solo en Judea, lugar de origen de ese azote, sino también en Roma, adonde todo lo que es vergonzoso y abominable viene a confluir y encuentra su consagración. Primeramente fueron arrestados los que hacían abierta confesión de tal creencia. Después, tras denuncia de estos, fue arrestada una gran muchedumbre, no tanto porque acusados de haber provocado el incendio, sino porque se los consideraba encendidos en odio contra el género humano. 

Aquellos que iban a morir eran también expuestos a las burlas: cubiertos de pieles de fieras, morían desgarrados por los perros, o bien eran crucificados, o quemados vivos a manera de antorchas que servían para iluminar las tinieblas cuando se había puesto el sol. Nerón había ofrecido sus jardines para gozar de tal espectáculo, mientras él anunciaba los juegos del circo y en atuendo de cochero se mezclaba con el pueblo, o estaba erguido sobre la carroza. Por esto, aunque esos suplicios afectaban gente culpable y que merecía semejantes tormentos originales, nacía sin embargo hacia ellos un sentimiento de compasión, porque eran sacrificados no a la común ventaja sino a la crueldad del príncipe»(15, 44). Los cristianos eran, pues, considerados también por Tácito como gente despreciable, capaz de crímenes horrendos. Los crímenes más infames atribuidos a los cristianos eran el infanticidio ritual (¡como si en la renovación de la Cena del Señor, en la que se alimentaban de la Eucaristía, mataran a un niño y se lo comieran!) y el incesto (clara tergiversación del abrazo de paz que se hacía en la celebración de la Eucaristía «entre hermanos y hermanas»). Estas acusaciones, nacidas del chismorreo de la gentuza, fueron así sancionadas por la autoridad del emperador, persiguiendo a los cristianos y condenándolos a muerte. Desde ese momento (nos lo atestigua Tácito) se añadió a la imputación contra los cristianos también un nuevo crimen: el odio contra el género humano. Plinio el joven, irónicamente, escribirá que con una acusación semejante se habría podido en lo sucesivo condenar a muerte a cualquiera.
Muy escasas son las noticias de la persecución que afectó a los cristianos en el año 89, bajo el emperador Domiciano. De particular importancia es la noticia referida por el historiador griegoDión Casio, que en Roma fue pretor y cónsul. En el libro 67 de su Historia Romana afirma que bajo Domiciano fueron acusados y condenados «por ateísmo» (ateótes) el consul Flavio Clemente y su mujer Domitila, y con ellos muchos otros que «habían adoptado los usos judaicos».
Catacumba de Santa Domitilla

Catacumba de Santa Domitilla

La acusación de ateísmo, en este siglo, es dirigida contra quien no considera divinidad suprema la majestad imperial. Domiciano, durísimo restaurador de la autoridad central, pretende el culto máximo a su persona, centro y garantía de la «civilización humana». Es notable que un intelectual como Dión Casio llame «ateísmo» el rechazo del culto al emperador. Significa que en Roma no se admite ninguna idea de Dios que no coincida con la majestad imperial. Quien tiene una idea diversa es eliminado como gravemente peligroso para la «civilización humana».

Este parece ser el comienzo del cristianismo, que sufriendo toda clase de acusaciones, persecución y muerte, defendieron la fe que depositaron en un judío llamado Jesús, que con sus enseñanzas y sacrificio, dio a la humanidad una esperanza.
Referencias: Tercer catecismo de la comunidad cristiana.
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