Apocalipsis

Apocalipsis” libro enigmático y profético. Fué escrito en la isla de Patmos por Juan, quién se encontraba allí desterrado por las autoridades romanas, por predicar el mensaje de Jesús. Se cree que aconteció alrededor de los años 81-96 d.C. bajo el gobierno de Domiciano, quién exigía ser venerado como dios.
Algunos creen que el autor es el apostol Juan mientras que otros opinan lo contrario ya que no se refiere a sí mismo como apóstol, incluso parece hablar de los Doce en tiempo pretérito: “El muro de la ciudad tenía doce cimientos y sobre ellos doce nombres, los de los doce apóstoles del Cordero” (Ap. 21:14)

Los primeros comentarios fueron dirigidos a las siete iglesias que están en Asia (provincia romana de ese nombre al occidente de Asia Menor) para dar seguridad a su congregación.La literatura apocalíptica era una respuesta a la persecución y la opresión.Era difícil dejar de sentir ira contra aquellos que perseguían a la Iglesia y que lo desterraron y contra la misma Roma, “la gran prostituta adornada de oro, piedras preciosas y perlas; tenía en la mano una copa de oro llena de abominaciones, ebria de la sangre de los santos y mártires de Jesús.”(Ap. 17:1)

Explica cómo el Creador vencería al mal y a través de un lenguaje simbólico daba consuelo a quienes eran oprimidos.
El mensaje que da Juan en el libro de “Apocalipsis” se ha seguido estudiando a través de los años.
Se puede destacar a Victorino, obispo de Panonia superior y mártir en las “persecuciones de Diocleciano” a finales del siglo III.
Ticonio, autor africano a finales del siglo IV.
Primasio, obispo de Adrumeto (Africa) muerto a mediados del siglo VI.
Casiodoro Senador (muerto en 570) dignatario del emperador Teodorico.
Apringio de Beja (Portugal, bajo el rey visigodo Teudis)
San Cesáreo de Arlés en la primera mitad del siglo VI.
Beda, que murió en 735.
Ambrosio de Autpert, contemporáneo de Beato.
“El comentario al Apocalipsis” es la principal obra de Beato de Liébana, que la dedicó a Etorio de Osma, otro religioso que se refugió en Liébana cántabra, huyendo de la invasión árabe en el sur de la peninsula ibérica.

Con su explicación del Apocalipsis, Beato pretendía además preparar a los creyentes para el fin del mundo, que había de sobrevenir, según sus cálculos, al final del sexto milenio, en el año 800 de nuestra era. De todas formas, Beato mantenía una cierta cautela y afirmaba que los hombres “desconocemos si se acortarán” los años que restaban para la llegada del milenio. La figura del Anticristo, entendida como todo aquél que no reconoce a Cristo, recorre el “Comentario” casi como hilo conductor y a él se le dedican páginas enteras: a su número, a su nombre, a su papel en el final de los tiempos.

Posterirmente grupos cristianos también han dado fechas para el fin del mundo.
Cuando Elena G. de White, profetisa adventista comenzaba su adolescencia, ella y su familia, aceptaron las interpretaciones bíblicas de un granjero que se volvió predicador Bautista, Guillermo Miller. Junto con Miller y otros 50.000 adventistas sufrió un amargo chasco cuando Cristo no regreso el 22 de octubre de 1844, la fecha que indica el fin de la profecía de los 2.300 días de Daniel 8.

Charles Russell en 1909, funda la ‘Peoples Pulpit Association’, conocida a partir de 1956 como la ‘Watchtower and Tract Society of New York’. Sobre la naturaleza de la Sociedad, Russell sostenía que “Jehová habla solamente a través de la Organización Watch Tower”
A fines del siglo XIX, Russell anunció en su libro ‘El Plan Divino de las Edades’ (pág. 88) la inminente venida corporal de Cristo, específicamente, para 1914, como la batalla del ‘Armagedón’ (destrucción de los poderes establecidos en el mundo, los que son obra de Satanás) lo que iniciaría un período de 1000 años en los que Cristo reinaría junto con los herederos del Reino (Testigos de Jehová ‘ungidos’) en una nueva tierra.

Después de esto su sucesor Josep Franklin Rutherford profetizó que en 1925 los integrantes de la organización subirían al cielo, (Armagedón mediante) y que 70 de los profetas del Antiguo Testamento resucitarían, entre los que se encontraban Abraham, Isaac y Jacob. Para tan magno acontecimiento, mandó construir una gran casa en San Diego (California), llamándola Belth-Sarim (que en hebreo significa ‘casa de los principes’). Por ello, anunciaba ‘profeticamente’ que ‘Millones de los que ahora viven, no morirán jamás”.
A Rutherford le siguió Nathan Homer Knor, quien en 1952 sostuvo que la batalla final estaba ‘ahora en la puerta’, anunciando el fin del mundo para 1975 y el comienzo del nuevo mundo en el que Cristo reinaría por mil años, junto a los 144.000 Testigos elegidos.

En el primer siglo, tal como reveló Juan, la persecución de Domiciano cesó, pero nada se sabe del detino de Juan; según cierta tradición, fue liberado del exilio y durante un tiempo siguió siendo el jefe de la Iglesia de Efeso.

Su libro ha sobrevivido y hoy se siguen mirando sus profecías como simbolos de liberación.

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